¡Soy vieja, muy, muy vieja! Tan vieja que me arrojaron a la basura sin más contemplaciones.
Nada de agradecimientos por una vida sacrificada siempre al servicio de mí amo.
Me quiero presentar; soy una humilde, resistente y cómoda en otros tiempos, bota.
Sí, una bota huérfana; pues debo decirte que mi gemela desapareció justo el mismo día en que fuimos arrojadas a un vertedero.
Nos lanzaron al aire. Por un momento nos convertimos en unas botas voladoras antes de caer al suelo de una manera violenta. Ahora la busco sin éxito.
Mi historia es ésta:
Debo decirte que durante mis años de servicio, viajé por lugares remotos y exóticos.
Mi amo me llevó por escarpadas montañas, por helados paisajes y por calurosos desiertos.
La lluvia nunca me asustó, ¡yo estoy hecha de un cuero excelente!; salí de las manos de un gran artesano; en mis suelas está grabado el sello de calidad…
¡La vida es cruel cuando te retiran! ¡Sobre todo cuando te sustituyen por otras botas de inferior calidad!
No es por criticar; pero esas botas no me llegan a mí, ni a mis suelas de gomas.
Mi sueño- si es que una bota vieja y sucia tiene sueños- es encontrar a mi gemela.
¡La echo tanto de menos!
Busqué a mi hermana, por todo el vertedero…
Ni rastro ¿donde encontrar una bota vieja e inservible?
Caminé durante días, pregunté a todo animalejo que encontré a mi paso, nadie conocía a mi hermana.
Cuando había perdido toda esperanza, un escarabajo pelotero me dio una pista.
Junto a un arroyo había una colonia de hormigas, éstas vivían en un zapato que hundido en el fango, les servía como entrada al hormiguero.
¡Jamás un camino se me hizo tan largo! Mis deseos de llegar, eran más rápidos que mis zancadas.
Crucé caminos y carreteras. Tuve la desdicha de encontrarme a varios gamberrillos,que en cuanto se toparon conmigo, me utilizaron como una pelota de fútbol. ¡Tantas patadas recibí, que perdí los viejos cordones que todavía conservaba!
Cuando acabó el partido me lanzaron por encima de una tapia. Terminé cayendo en un solar, acompañada de otras botas viejas, que me recibieron con muy mala cara.
Salí de allí lo antes posible. ¡Nada de solidaridad entre los calzados! Seguí mi viaje.
Después de mi largo y errante camino llegué a la ribera de un río.
Descubrí una larga hilera de hormigas que afanosamente trabajaban.
Pregunté a una de las hormigas que, con prisas y sin pararse, me afirmó, que una bota trabajaba con ellas.
Decidí seguirla, la alegría y el alborozo no cabían en mí.
Mi querida y añorada hermana estaba allí.
Cubierta de barro y más vieja; hundida en la ribera del río parecía feliz.
Cuando me avistó una sonrisa asomó a sus suelas.
¡Una vieja bota convertida en un confortable hormiguero!
En invierno quedaba sumergida por las aguas del río. En verano era un hogar para las hormigas, fresco y agradable.
Y aquí me quedé, sirviendo de cobijo a otros bichos que en verano buscaban una sombra donde poder descansar en las horas del estío.
Consuelo.T.Ojeda.

Excelente narracion. Mi enhorabuena!
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