Al pasar la barca

Al pasar la barca

viernes, 3 de diciembre de 2010

La huerta frondosa

    

En una alegre y fértil huerta crecían alegres y lozanas verduras y frutas.
Lechugas, coles, repollos, acelgas de grandes hojas, zanahorias de rizadas cabezas, berenjenas de morados hábitos, saludables tomates rojos, pimientos de carnosa piel, guisantes de verdes perlas y humildes hierbas aromáticas que dan a los estofados y asados, sabrosos sabores.
Una enorme y saludable calabaza era la reina de la huerta. Era la heredera de una familia de grandes calabazas ganadoras de importantes concursos hortícolas. Sus semillas estaban tan cotizadas que hortelanos de otras partes de la región  pagaban lo que fuera para conseguir una de sus semillas.
Tan orgulloso estaba el hortelano que todos los días iba a verla; removía la tierra, quitaba las malas hierbas y la abonaba.

Preparada como las mises para un concurso de belleza, era pesada y regada abundantemente.
Día a día la calabaza aumentaba de volumen se volvía más pesada. Tenía tantos kilos encima que la gente del lugar se acercaba para ver tal prodigio.
Tan enorme llegó a ser, que la carroza de la cenicienta era un carricoche a su lado.
Sus compañeras de la huerta dejaron de admirarla y terminaron por sentir tanta envidia que algunas se secaron del berrinche.
 Las hortalizas quejosas de que el hortelano no les prestara la misma atención que tenia con la calabaza, acordaron en asamblea que dejarían de crecer y estar lista para la recolección.
La más chillona del grupo era  una lechuga romana que voz en grito repetía una y otra vez –Yo no ganaré premios como esa insípida cabeza hueca, pero soy sabrooosa como el más rico de los manjares; ¡En las ensaladas no me gana nadie!
  Unos saludables y ricos tomates columpiándose en sus ramas contestaron ruborizados a la lechuga -¡Tú en una ensalada sin nosotros no eres nada!
  Los pimientos no pudieron quedarse callados y como pequeñas trompetas verdes silbaron y silbaron para ser oídos en aquel guirigay en que se había convertido la asamblea de verduras y hortalizas.
-¡Tanto presumir de lo importante que sois en las ensaladas! ¡Nosotros si que somos importantes!-contestó un gran pimiento verde-asados somos un manjar, en muchos guisos estamos presentes en ensaladas de reyes somos imprescindibles y tenemos colores diferentes ¿Quién da más?
Si los pimientos pensaron que acallarían a la asamblea verde se equivocaron.
Más enfadados aún por la arrogancia de los“guindillas” -como alguien los denominó- levantó una hoja un repollo para pedir la palabra.Muy educado se dirigió a los asistentes para decirles-Que sí, que era muy importante la defensa que la lechuga,  los tomates y los pimientos habían hecho de sus cualidades alimenticias pero que los repollos habían quitado ¡mucha hambre a la humanidad!
Esta aseveración indignó a la concurrencia; a la lechuga romana le salió su herencia italiana y gritando como una energúmena le dijo de todo menos repollo.
  
-¡No había en toda la huerta una verdura que oliera peor que un repollo cociendo en la lumbre!
El pobre repollo abrumado se ocultó entre sus hojas y nadie le volvió a escuchar.
La lenguaraz lechuga tenía revolucionada la huerta; el que se atrevía hablar se llevaba el repaso de la hortaliza italiana.
Pidió la palabra otra insigne verdura, una zanahoria esbelta y de buena figura. Fue la portavoz de su familia y dirigiéndose a todos con voz aflautada recordó a los asistentes que ellas eran sofisticadas y muy apreciadas ¿Qué sería de una ensaladilla rusa sin su presencia?
¿Qué sería un conejo sin su zanahoria?
Y aún más ¿Qué seria de la vista de los humanos si ellas no existieran?
-¡Pues todos a la Once!-gritó un bromista-
¡Señores nuestras cualidades son muchas a nosotras no nos gana nadie!
Y terminando su discurso muy orgullosa se volvió a sus dominios.
La lechuga romana como una revolucionaria francesa gritaba ¡A la guillotina, a la guillotina! (que era como decir a la cocina a ser cortada en rodajas)
Esta asamblea se formó para hablar de lo discriminadas que estaban todas las hortalizas en comparación con los privilegios de los que gozaban la plantación de calabazas.
Pero olvidaron que les había llevado a la reunión.
En cambio se llevaron todo el tiempo ensalzando sus propias cualidades nutritivas.
El bullicio y la escandalera era propia de una “verdulería” (nunca mejor dicho).
Si la lechuga era la voz discordante de la reunión la moderadora, de aquel jaleo fue una gran cebolla morada.
Con gran solemnidad llamó al orden a la revolucionaria “hojaverde”y como un juez de  la corte suprema quiso mediar en la trifulca allí formada.
 -¡No te acerques a mí que lloro solo con mirarte!-le dijo la lechuga a la cebolla con mucha guasa-
-Silenciooo -dijo la cebolla, ignorándola.
De nada le sirvió. La lechuga erre que erre, no paraba de meterse con toda verdura y bicho viviente que por allí pasara. Ahora la emprendió con la severa remolacha- A ver ¿y tú para que sirves? – ¡a ti te quitan de todas las dietas, tienes tanta azúcar que tú misma te empachas!
¡No se podía con aquella lechuguina escandalosa!
Llegó un momento en que todos hablaban a la vez, aquello era un coro de grillos; nadie se ponía de acuerdo.
Silenciooooo-se oyó gritar entre el escándalo- -Ahora voy hablar yo.
Entre la hierba y bajo una capa de tierra salió una patata que agotada por el esfuerzo respiraba lastimosamente.

La lechuga en el momento en que la vio, la miró desdeñosamente y con sarcasmo dijo-¡vaya un boniato!
La patata la miró furiosa y con una voz que no le salía de las raíces le dijo-¡soy una patata, no un boniato conjunto de hojas con troncho!
-¡Ay, que me da! ¿Qué a dicho el miserable tubérculo ese, yo un troncho?¡ Yo soy descendiente de las lechugas que en ensaladas se sirvieron a los cesares!
Sí, sí, dijo la patata dispuesta a no quedarse callada-Mucho linaje….y muy poca vergüenza.
A ver, ¿donde estaban ustedes en tiempo de los césares ¿eh?-preguntó furiosa la lechuga-
-Nosotras las patatas no vamos a discutir con hortalizas bocazas; somos tubérculos serios de la estirpe de Moctezuma. Vegetales, hierbas,  verduras…. ¡nosotras si que hemos sido el ombligo del  mundo alimentario! Porque ¿Que seria de las amas de casa sin las patatas? -Que los niños no quieren garbanzos- Pues ¡patatas fritas!.Que el abuelo no puede masticar ¡estofado de patatas! y ¿Dónde me dejan ustedes a la españolisima tortilla de patatas ¿eh? Sin patatas se llamaría ¡francesa! ¡Puaj!
Prosiguió con su discurso buscando la solidaridad de las demás verduras.
La única que no estaba por la labor era la rebelde lechuga- ¡Deja de darnos la matraca!
¡Abajo los boniatos! –Chillaba toda deshojada la feroz lechuga- ¡Lechuuugas al poder,ensaladas no sin mí!
La asamblea se caldeaba por momentos tanto, que por un segundo parecía que todas las verduras se iban a cocer del sofocón que aquella lechuga les estaba dando.
Alguien quiso acabar con la sublevación encabezada por la rebelde lechuga y alzó su voz desde su privilegiado terreno.
Y con una voz gritona chilló tanto que toda la huerta quedó en silencio; hasta los mismos gorriones que cantaban ajenos al revuelo que se había formado detuvieron su canto.
La calabaza con aires de suprema majestad-habló muy furiosa- ¿Todo este jaleo lo tenéis formado por mí? ¡Mancha de envidiosos verdes!
Sabed-dijo con vanidad –Que si soy la preferida de la huerta, es porque yo le daré muchas satisfacciones a nuestro amo. El ha ganado muchos premios con mi familia y yooooo -dijo gritando-¡voy a ganar el mayor  premio conseguido hasta a-h-o-r-a!-  puntualizó-
A ver tú revolucionaria de pacotilla-dirigiéndose a la lechuga- ¿Qué tienes contra mí? ¿Acaso tú has ganado algo alguna vez, ovillo de hojas verdes?¡Lechuga del montón, futura ensalada de burger!
Toda la huerta quedó muda, la lechuga tan combativa se quedó blanca.
No podía enfrentarse con un peso pesado y la calabaza; ¡tenía cara de matona!
 Con un hilillo de voz-dijo-Yo desciendo de los cesa….
¡Valeee!- gritó la calabaza- los césares si, siii.  ‘De los arrabales de Roma! No oyendo a nadie más se recubrió con sus hojas y se echó a dormir ignorando a toda la huerta.
Pero antes levantando una hoja dijo- ¡Ah! y ya estamos callados.
La lechuga muy rabiosa no encontró el apoyo de sus parientes y de la misma soberbia se secó.
Al día siguiente el hortelano al regar las lechugas no comprendió que le pudo pasar a la más hermosa de todas sus hortalizas.
Arrancándola de la tierra, se la arrojó a las gallinas que presurosas fueron a dar cuenta de ella ávidamente.
Concurso tras concurso la calabaza salió victoriosa.
¡Siendo admirada por toda la huerta!
                                          Consuelo.T.Ojeda.








 
                                            

sábado, 27 de noviembre de 2010

La charca de las ranas

Érase una vez una rana que vivía en una charca, su casa era una hoja de loto que ella mimaba teniendo la planta limpia y lustrosa todos los días del año.
Le gustaba invitar a sus amigas y presumir de lo limpio y aseado que estaba su hogar.Les preparaba ricos y suculentos platos de moscas y mosquitos, que preparaba según una receta francesa heredada de su abuela.
De vez en cuando para que sus amigas no olvidaran que su abuela era francesa, dejaba caer una exclamación en dicho idioma ¡Oh mon dieu! -Lo que provocaba la admiración de sus amigas-
A los sabrosos platos les acompañaba unos sorbitos de agua de charca, de una cosecha excelente; por supuesto ¡francesa! Le gustaba contar que su abuela le enviaba todos los años una buena provisión de agua, de esa charca maravillosa en la cual vivía, allá en Francia.
Después del jugoso almuerzo descansaban tomando el sol, en cómodas tumbona que como buena anfitriona les tenía preparadas.
Cuatro eran sus amigas, Flora, Matilda, Rosana y Felisa. Todas soñaban lo mismo, conocer al sapo de
su vida; un guapo y hermoso sapo para formar un hogar y tener unos hermosos renacuajos.
Claro que en la charca la población era muy desigual, demasiadas ranas y muy pocos sapos.
En los últimos años el censo había inclinado la balanza a favor de las hembras, demasiados nacimientos de ranas; el nacimiento de sapos fue escaso, alarmante .Todos los adultos estaban preocupados por el futuro de sus hijas y de la propia charca. Si no se reproducían, desaparecerían en unos años.....
Nuestra amiga y sus amigas, suspiraban y suspiraban, esperando el amor de sus vidas.
Todo nuevo visitante que llegaba a la charca era recibido con gran expectación; comentarios de todo tipo se sucedían y el pique entre las amigas, cada vez era mayor.
Un día llegó a la charca un guapo sapo, simpático y dicharachero que lo revolucionó todo, ranas jóvenes y viejas….… (Viudas algunas ellas) enloquecieron.
Y enamoradas todas del apuesto galán, vistieron sus mejores galas para conquistarlo.
Nuestra amiga (que no hemos dicho su nombre) decidió ir al contraataque; por la rivalidad que había en la charca, decidió no contar a nadie su táctica de seducción para cautivar a tan guapo anfibio.
Los días pasaban y nuestra enamorada amiga no cazaba ni una mosca. Una tras otra sus amigas se fueron paseando con el bello sapo. La pobre fue ignorada por sus amigas y por el propio seductor, que no se molestó ni siquiera en mirarla….
Muy dolida por que sus amigas ya no le hacia caso, decidió llorar su amargura a solas; se marcharía de aquella charca de ranas ingratas. Iría a visitar a su querida abuela francesa (a la que no había visto nunca).Preparó su equipaje mientras que sus lágrimas caían como una catarata desbocada; y diciendo adiós a su querida hoja de loto, se marchó rumbo a tierras más gratas.Chifladas sus amigas por el hechizador de ranas y alborotada la charca con tanta fiesta y jolgorio, nadie echó de menos a la más “chic” de todas las ranas del lugar.
Aquella rana desapareció de la charca sin chistar.
Pasó el tiempo todo cambió en la charca; el miedo que los mayores tenían  por que desapareciera las ranas de la charca pasó a mejor vida. La charca era el lugar del bosque mas animado y bullicioso todo era alegría y risas.
Cientos de renacuajos se zambullían una y otra vez en el agua salpicando a los mayores que tomaban el sol tranquilamente, a la caza del algún insecto que por allí pasara  distraído.
Reinaba la alegría en aquella charca y el más satisfecho de todos sus habitantes, era aquel sapo guapo y seductor que enamoró a todas las ranas del lugar; jóvenes y viejas…. menos a una que ignoró no se sabe por qué.
Como los sapos pueden tener mas de una pareja y debido a la escasez de sapos en el lugar; éste privilegiado tuvo la suerte de casarse no, con una hermosa rana, sino con las cuatro amigas de nuestra rana afrancesada.
Éste vividor se encontraba en el séptimo cielo, con todas sus esposas  halagándolos con los más exquisitos insectos. Se puso gordo como una ballena .Se llevaba todo el día tendido al sol, en una tumbona que debido a su peso se hundía y se hundía cada día más…..
Las ranas no croaban de “contento”. Cada día que pasaba se encontraban mas cansadas y más feas; ya no tenían tiempo para ellas. Ahora su tiempo se iba en alimentar a sus renacuajos y dar de comer al parásito de marido que les había tocado en suerte.
Este sapo no tocaba la lira como Nerón; pero se llevaba todo el día tendido cual emperador romano. Con sus cantos estridentes, el bosque y sus habitantes temían que algún día acabara  por incendiar con su fétido aliento a toda la flora de aquel hermoso lugar.
Cuando todos pensaban que la rutina se había apoderado de la charca, un acontecimiento sorprendente vino animar a tanto aburrimiento.
Una hermosa rana se hospedó en una hoja de loto; venia acompañada por un apuesto sapo, educado y gentil y por unas hermosas ranitas que farfullaban un idioma ininteligible para la gente de la charca.
Durante días fue la comidilla del lugar. Todos se preguntaban con gran curiosidad ¿quien era esa rana tan elegante?
Los días se sucedieron con gran expectación por parte de los habitantes de la charca; incluso peces y demás fauna que compartía aquél ecosistema estaban al tanto de la visita de la insólita familia.
Con gran sorpresa Flora, Matilda, Rosana y Felisa recibieron  una invitación de su desconocida vecina.
¡El jolgorio fue impresionante!
No se hablaba de otra cosa y la preocupación más importante era qué modelo elegir, para asistir a tan elegante merienda.
Encopetadas como marquesas se presentaron en el domicilio de la desconocida vecina.
Fueron recibidas con la mayor de las ceremonias.
La anfitriona con su sombrero más lujoso, las hizo pasar a la terraza desde donde se podía contemplar, una vista espléndida de la charca.
La merienda fue deliciosa, ricas pastas inglesas adornadas con suculentos mosquitos - “traídos expresamente desde  la costa francesa”- todo un lujo que jamás volverían a degustar- comentaron- El té de ricas algas de río fue por último, la sensación. -Durante años hablarían de semejante merienda, sería recordado incluso por sus nietos-
Madame Croac, así se presentó con un acento francés que a las invitadas les pareció finiiisimo -pero que era más falso que un real de lata-
Durante toda la merienda presumió de su vida en París, de su vivienda en las fuentes del Bois de Boulogne y de sus paseos por el río Sena. Las pobres ranas admiradas por lo que estaban oyendo,se maldecían por su mala suerte -Nunca habían salido de esa inmunda charca y jamás lo harían-
Con el ánimo alicaído acabó la inolvidable merienda; todas se despidieron de madame Croac con el deseo de verse muy pronto.
Al llegar a casa se encontraron con el esposo, tendido en la poltrona como siempre. La barriga, inflada como un globo de feria y roncando tan fuerte, que todos los habitantes de la charca llevaban tapones en los oídos para no escuchar aquel ruido atronador.
Todos estaban desesperados con un tipo que no había hecho en su vida nada más que dormir  y roncar.
Cuando nuestras amigas conocieron a monsieur Croac, la comparación fue descorazonadora -¡Tan atento, tan educado, tan, tan, guapo-
¿En que charca les había tocado vivir? Todo era aburrido y monótono; en una charca como esa no había oportunidades.
Pensaron que ya era hora de cambiar sus vidas y de mutuo acuerdo dejarían la charca y se irían a conocer lugares nuevos.
Con hijos que habían dejado de ser renacuajos para convertirse en ranas adultas tenían un trabajo menos, ya no necesitaban a sus madres.
-Se acabó cazar moscas para aquel zángano “revientatumbonas”-.
Cuando las cuatro se presentaron ante aquel "chiquilicuatre", vestidas como farolas en una feria; el sapo fondón, se dio la vuelta en la "perezosa" ignorándolas ¡No echaría de menos a las "comemoscas" estas!
.Más felices que unas castañuelas se dispusieron a partir.
Como eran unas ranas muy cumplidas y discretas, no querían ser la comidilla de la charca; se despidieron de todos sus hijos, de los  padres y de todos los que pasaban por allí. Y para dar mayor "discreción" a su marcha se despidieron de la mayor cotilla de la charca y de todos sus alrededores.
Incluido el avispero que era “radio macuto”.
Por ultimo fueron a casa de su mentora, aquella que les había abierto los ojos (“Ahí afuera hay otros mundos”).......
Con la mayor de las algarabías se marcharón .
La afrancesada con la sonrisa de una arpía vengadora y entre dientes (es un decir, “las ranas no tienen dientes”) las fue besando, dejando un beso “envenenado” en los carrillos de cada una de las ignorantes ranas.
Falsa como una moneda y condecorada como la mayor de las hipócritas del reino anfibio, fue alabando uno por uno los modelitos de sus “amigas”.
Estas tontas se marchaban de la charca y ella haría de la charca su pequeño reino.
Solo quedaba el que un día no se dignó siquiera en mirarle a la cara.
(La despedida duró más que un bistec con nervios, en la boca de una cabra.).Tuvo que salir al balcón y con un largíiiisimo pañuelo de “Cristian Cruac cruac” -les dijo- adieu adieu, mientras estas se alejaban en un vapor de loto.
A partir del día siguiente, la afrancesada reinaba en la charca como una faraona.
En su casa puso la “corte” y se dedicó a dar consejos y parabienes a todo el mundo.
Un día llegó a su casa el marido abandonado de sus amigas; había enflaquecido como una caña de azúcar.
Estaba amarillo como la envidia, ya no lucia el verde lustroso de antaño.
Los ojos se le pusieron como platos al contemplar la mesa que tenia dispuesta la francesa para unos invitados. El muy gorrón se valió de su zalamería para quedarse en la merienda y tomando asiento en una cómoda hamaca de ahí nadie más lo movió.
En “tío Charlie” se convirtió. La afrancesada vengadora cargó con el muermo y el pirulí francés acabó marchándose del lugar harto de tantas atenciones por parte de la rana a “tío caradura Charlie”. 
Pasado el tiempo, volvió a engordar y pasó de ballena a “tiranosaururano”.
La afrancesada no reinaba en la  charca, fue destronada  por  “Charlie I el gorrón”.
 (Jamás una venganza falló tanto)
                                                      Consuelo.T.Ojeda.

                                        

  

viernes, 26 de noviembre de 2010

Yo, un Burro







Te hablo desde un lugar, donde los animales después de pasar por la vida  tiene su final.
Vosotros los humanos les llamáis cielo, paraíso, edén…
Tal vez algunos de vosotros, me preguntaríais -¿Cómo que un cielo para animales?-
¡Pues sí un paraíso para animales, un lugar reservado por el Creador para sus criaturas “irracionales”!
Soy uno de esos animales que ha pasado por la vida del hombre desapercibido.
He sido necesario, he aliviado su trabajo cargando yo con todo el peso. Sobre mi  espinazo he sufrido palizas despiadadas. La vara de la brutalidad se ha descargado contra mí, y con mansedumbre soporté el dolor.
A lo largo de la historia del hombre, nuestra presencia dócil y resignada ha sido determinante.
Como animal de carga; como medio de transporte y en las labores del campo. Somos capaces de andar por lugares áridos y escarpados. Dicen que somos animales solitarios-¿acaso el hombre nos ha dado la oportunidad de ser animales sociables?
Las civilizaciones más antiguas de la tierra han sido levantadas con nuestra fiel ayuda.
Fuimos domesticados por los egipcios, hace más de cuatro mil años. Y somos más longevos que otros équidos.
No quiero seguir contando la historia de los burros .Yo soy un burro.
Un asno, un rucio, un borrico, un jumento… etc.
Cuando los humanos quieren insultar a un semejante los llaman burro:
Burro = persona ignorante y necia.
Necios e ignorantes, torpes y tozudos…...
Unos calificativos que no nos han ayudado.
¿Es de burros deslomar a palos a un inofensivo animal?-pregunto- ¿ En este caso quién es el burro…?
Pero no todo es tristeza en nuestra humilde historia.
El Señor nos tuvo en cuenta y estamos presente en los momentos más grande de la historia.
Un burro llevó en su montura a Maria la Madre de Dios en su huida hacia Egipto.
Jesús nació en un pesebre al calor de un buey y una mula -hija de un burro y una yegua-
La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén para su sacrificio, fue a la grupa de un pollino.
El Señor nos distinguió con este honor, sabedor de lo triste y resignada que era nuestra vida.
No tengo envidia de los caballos- mis primos- ellos han sido siempre hermosos, admirados.
La vida ha cambiado tanto, que los burros ya no somos necesarios.
Estamos al borde de la extinción- ¡quién lo diría!-
Ahora nos miman, nos meten en reservas, y nos tratan como unas criaturas  curiosas.
Pero ese no ha sido mi caso. El mundo de hoy es cruel y despiadado.
Se puede disculpar y perdonar la ignorancia, la zafiedad de antaño, producto de la incultura, de un mundo embrutecido por el hambre y por el atraso.
Pero se supone que el mundo de hoy en algunas cosas ha cambiado…
Los animales tan necesarios en otros tiempos para las faenas del campo y para el transporte, hemos sido relegados; ya no contamos para nada en la vida laboral del hombre; sólo como animales de compañía..
Por desgracia la suerte no me acompañó en mi vida terrenal.
Fui vendido en unas de esas pocas ferias de ganado que aún existe.
El hombre que me compró, lo hizo como regalo para unos de sus hijos. Durante un tiempo fui mimado y casi tratado como un juguete. Poco tiempo duró el capricho; el niño malcriado se cansó pronto de mí y fui apartado, excluido de la vida de ésta familia.
Me llevaron a un páramo seco y triste, abandonado de la mano de Dios.
Y se olvidaron de mí para siempre.
Le pagaron  a un hombre para que me diera agua y de vez en cuando heno.
Era huraño de maneras bruscas. Yo no le gustaba era evidente, porque siempre me atizaba con lo primero que encontraba a su paso.
Siempre le tuve miedo; nunca me fié de él. Y no me equivoqué.
No sé que arrebato sufrió ese hombre. Que pasaba por su cabeza; el caso es que la emprendió conmigo. Toda su ira la descargó sobre mis pobres huesos y digo bien, porque yo solo era un saco de huesos.
Fue tal la paliza que sufrí, que no me podía mantener en pie. Tan cobarde y miserable fue aquel hombre que ni siquiera me dio la oportunidad de salir corriendo, pues mis patas delanteras estaban atadas.
Durante días no me pude mantener en pié, molido  a palos y ensangrentado, el final de mi vida estaba cerca.
En aquel erial alejado de la mano de Dios, pasé noches de tremendas heladas.
Yo no sentía nada, mi cuerpo estaba entumecido por el frío y el dolor.
Un rayo de luz iluminó mi vida cuando apareció por aquél lugar, un alma caritativa. Se apiadó de mí, curó mis heridas y como el buen samaritano me dio de beber.
Éste buen hombre me llevó a su casa, preparó un pequeño establo, me alimentó y me ofreció cariño y protección.
Mis heridas sanaron.
Durante unos años fui feliz y querido por este hombre y su familia.
Ellos no vivían en el campo. Su vivienda estaba en el pueblo cercano. Aún así no dejaban de visitarme todos los días.
 Todo ocurrió de noche, unos malvados entraron en el pequeño pesebre. Yo recordé la misma mirada de aquél maltratador de antaño en aquellos hombres.
Aquellos cuatro cobardes me torturaron, me rompieron las patas, me cegaron los ojos con un palo y acabaron con mi vida de la manera más vil y terrible que se pudiera pensar. “Agradecí la muerte, pedí la muerte para que acabara aquel tormento”.
No quiero pensar en el ser humano como una criatura monstruosa; tuve la suerte de encontrarme con aquel hombre, con aquella familia que durante un tiempo me quiso y me cuidó.
Yo soy una criatura, una más que ha muerto por la brutalidad del hombre. De algunos hombres. Malos para sus propia especie… Y para el resto de las criaturas que compartimos este planeta.
Sí, también las criaturas irracionales  tenemos nuestro cielo.
                                                                                    Consuelo.T.Ojeda.
                  



  

viernes, 19 de noviembre de 2010

El chupete verde

-El mejor amigo de un bebé es su chupete. Mi mamá es mi mamá, y no se puede comparar con un chupete. ¡Pero donde se ponga un hermoso chupeteee!
Mientras que mi mamá me prepara el biberón ¿quién esta ahí para callarme?- pues mi querido chupete.
Cuando me aburro de mi peluche y no tengo ganas de jugar-¡ahí está mi chupete, esperándome!-
Mi mamá dice  siempre-¡cuánto le debe la humanidad al chupete!
Y Cuántas bocas han callado durante noches y noches ese bendito invento.
-¡Propongo que le hagan un gran "chupemonumento" a su inventor!
Soy un bebé de once meses, ya camino aunque estoy más veces en el suelo que de pie. Tropiezo  con los muebles porque todavía no mido bien las distancias y claro, la cabeza la tengo llena de chichones.
Me gusta registrar los cajones y poner bien lo que está mal puesto  -No sé por qué se enfada tanto mamá-
Tal vez sea un trasto pero ¡si solo he roto un jarrón que no le gustaba!
Le he oído decir mil veces que el jarrón que le regaló tía Fermina era horroroso ¡No entiendo a los mayores!
Trasto así me llama mi papá, yo no sé lo que significa trasto. Porque yo me llamo Quico……
María es mi hermana mayor.
Tiene cuatro años. Me persigue como un policía, no me deja jugar con sus juguetes; llama a gritos a mamá cuando tiro del pelo a sus muñecas. ¿Si sus muñecas no se quejan porque lo hace ella?
-Me he llevado llorando toooda la tarde. ¡He perdido mi querido chupete!.Mamá me ha dado uno nuevo y no lo quiero. ¡Bua, bua, bua!
Me dice que es un chupete mágico. Yo no sé qué significa mágico, sólo quiero mi chupeteee-
 ¡Mi disgusto es tan grande que nadie me va a callar!
Hoy es mi primer cumpleaños. ¡Son tan pesados los mayores!-que todo el tiempo me están preguntando- ¿Cuántos años cumple mi niñoooo?-¡Como si hubiese cumplido alguna vez años!
Lo que peor llevo es, cuando todos me señalan con un dedo hacia arriba canturreando una y otra vez- ¡un añito tiene mi niño, un añito tiene mi niño!-
¡Ya me siento viejo!
Para que se me pase el berrinche mamá me ha llevado con ella al supermercado.
Esta vez me negaré a ir de paquete en el carrito de la compra.
Iré andando como un adulto.
Ahora el sofoco se lo ha llevado mamá. ¡Una pataleta a tiempo y me ha dejado por imposible!
Bajo la atenta vigilancia de mi madre; he trasteado por todas las estanterías. Le he llevado todas las cosas que mamá no necesita; la cara de mosqueo que mi madre me está poniendo me esta haciendo replantear lo del volver de nuevo al carrito, antes de que lo haga ella por la fuerza- ¡De todas maneras ya me estaba cansando!-
Seguimos paseando entre estanterías con miles de cosas que a mí me entusiasma. Patatas para Maria, garbanzos ¡puaf! para el cocido, eso es de mayores;
y ¡mis preferidos! unos potitos y unos petite riquíiiisimos ¡me los pido!.
Cerca de las cajas en la última estantería, allí estaba.... ¡No me lo podía creer! se encontraba el chupete más guay que en mi corta vida había visto. -Ni siquiera mi primo Pablito tenía uno igual-
Cuando le señalé a mamá aquel chupete verde fosforescente- ella dio un grito y dijo que aquel color ni hablar-.Me eligió un triste chupete azul; desde luego yo me negué, -Uno tiene su propia personalidad-
Grité, lloré y pataleé; -Mamá no me deja que me  salga con la mía-
Cuando aquel horroroso chupete azul quedó dentro del carro, yo no me conformé; y haciéndome valer de mi destreza para dar el cambiazo  en un descuido de mamá, me hice con mi adorado chupete verde fosforescente.
¡Qué felicidad y qué emoción, tenía un chupete nuevo! Mi mejor regalo de cumpleaños.
¡Tengo que estrenarlo para dormir la siesta!
                                                                  Consuelo.T.Ojeda.

lunes, 15 de noviembre de 2010

"Maria y la luna viajera "

“Me gusta mirar la luna, contemplar cada noche como brilla desde mi ventana.
Me gustar mirar su cara marfileña, redonda, reluciente como una moneda.
Anoche soñé que yo era la luna, soñé que me bañaba en el mar con un millón de estrellas. Soñé que un amante hermoso como un narciso me hablaba de amor eternamente. Soñé que era de plata, que yo era la reina del firmamento y que el sol celoso se ocultaba en el horizonte, furioso a mi llegada.
La noche estaba  serena, una hermosa luna llena iluminaba el cielo; no dejando asomarse al firmamento a las estrellas que envidiosas querían brillar más que la diosa Selene.
Maria, asomada a la ventana de su habitación contemplaba extasiada aquella luna regordeta y orgullosa.
¡Quién pudiera ser la luna! Me gustaría ser como ella y mirar la tierra desde las alturas.
Hooolaaa luna ¿Qué tal por el cielo? -preguntaba María dando grandes gritos-
La luna no se daba por aludida y brillaba y brillaba muy satisfecha de si misma.
Selene aprovechó en ese momento un pequeño lucero que pasaba por su lado para mirarse y contemplar su hermosa cara -Yo me peino con peines de plata y me perfumo con polvos de estrellas.-dijo la luna muy complacida ella.
María le dijo- Quisiera ser como tú ¡tan alta, tan hermosa, tan plateada!-
Selene muy orgullosa le contestó -¡Nadie puede ser como yo! el sol me canta canciones de amor; luceros y cometas. Hermosos galanes me visitan cada noche y  estrellas fugaces me saludan al pasar.- ¡Como puedes ver soy muy popular!
Y del orgullo pasó a la tristeza -La verdad, no te gustaría ser como yo.
Todas las noches estoy sola; aunque me saluden las estrellas y algún cometa despistado.La soledad es mi compañera.
Cansada estoy de que me hablen de amor los enamorados, porque yo no conozco el amor.
Y más cansada aún de que me aúllen los perros y los lobos cuando estoy redonda y llena.
¿Qué te gustaría hacer?
-Le preguntó la niña conmovida por la tristeza de la luna-
-Me gustaría viajar por el firmamento,conocer otras lunas como yo.
Mirarme en los helados lagos de Marte; admirar la grandeza de Júpiter y viajar en un anillo de Saturno….
 ¿Y quién te impide viajar?-le preguntó la niña curiosa.
¿Quién haría mi trabajo?-respondió la luna apesadumbrada -
¡Yo, yo lo haré!. Haré tu trabajo.-respondió María entusiasmada-¡Hum! no sé-dijo la luna indecisa- Mi trabajo es complicado y se necesita tiempo para aprenderlo. Tienes que estar muy atenta a los movimientos del mar; yo mando en las mareas. Mi influencia en la Tierra es muy importante
La niña ilusionada no abandonó éste deseo y le dijo a Selene- Aprenderé deprisa y tú podrás descansar de tu trabajo.
Selene no se lo pensó dos veces. Y de acuerdo con la niña se tomó unos días de descanso.
Por primera vez una luna en el Universo se tomó unos días de vacaciones.
Y una niña de diez años hacía de satélite “humano”.
Con sus dos coletas salió al firmamento brillando, brillando…. Cuando todo el mundo miraba al cielo veía la cara regordeta e infantil de la niña; que feliz desde las alturas les decía- ¡Buenas nocheeeess!-.
¡Qué coletas más grandes se veía en el cielo!¡Los satélites que daban vueltas a la Tierra se enganchaban con su pelo!
En todas las televisiones del mundo una y otra vez se repetía la cara de la niña, de noche y de día.
Los primeros días haciendo de luna eran muy divertidos.
Pero María se fue aburriendo y cansando y el sueño pudo más que ella.
¿Cuando se ha visto a una luna dormida?
La niña agotada dormía.
Las mareas dejaron de subir y bajar; los barcos en los puertos no podían atracar ni salir a alta mar.
Los peces desorientados hacia las playas nadaban. Los pescadores nada atrapaban en sus redes.
Los días eran largos porque la luna-niña se negaba a trabajar de noche.
Cansado el sol ordenó a la luna viajera volver.
La turista espacial recorría el firmamento en busca de monumentos que poder fotografiar.
Planetas, cometas, satélites y estrellas, a todos visitó y con un enorme asteroide tuvo un encuentro de amor.
Satisfecha la luna volvió de nuevo a su hogar.
Como luna nueva arregló el desaguisado que la niña-luna desarregló. Todo de nuevo está equilibrado, las mareas bajan y suben como un reloj.

 Y María duerme en su cama, soñando que le gustaría ser…. el Arcángel Gabriel .
                                                                                                                          Consuelo.T.Ojeda

viernes, 12 de noviembre de 2010

El hombre de la piel de patata

Hace mucho tiempo en  una lejana región vivía un pobre hombre, su aspecto producía tal repulsión a los vecinos del lugar que el infeliz alejado de todos, vivía su mísera existencia.
Su desgracia no tenía remedio; fue el mejor carbonero de la región, era tan  solicitado en su oficio que no daba abastos con la demanda de carbón.
Un día le sobrevino la desgracia; hubo un incendio en la carbonería, en su afán por intentar salvar sus enseres más preciados, su ropa se prendió; y el fuego como las fauces de un dragón lo abrasó dejándolo horriblemente desfigurado.
Desde aquel día su vida cambió; meses de sufrimiento y de dolor se sucedieron. Más de una vez los galenos le dieron por muerto, tal era su aspecto.
El tiempo pasó, era un auténtico milagro que estuviera vivo; nada más se podía hacer por él.
Volvió de nuevo a las ruinas de la carbonería, era todo lo que le quedaba. Poca caridad encontró en aquél pueblo, todos les dieron la espalda; la soledad se convirtió en su más fiel compañera.
Ocurrió que a las afueras de la villa, apartado en el silencio y la paz del campo, había un pequeño monasterio, viejos monjes cuidaba de aquellas vetustas piedras en medio del recogimiento y la oración.
No se sabe cómo, llegó a oídos del abad la desgracia de este hombre; envió a unos de esos humildes frailes con los pocos alimentos que la huerta del monasterio producía. Era un año malo de cosecha y la escasez era penosa.
Algunos tomates, un poco de queso, pan de centeno y patatas, ¡un gran saco de patatas! todo esto trajo consigo aquel buen frailecillo.
Durante días acompañó a nuestro carbonero; le curó con hierbas sus quemaduras, aún sin cicatrizar, le dio conversación y así alivió, su terrible abatimiento. Y algo muy importante le ayudó a  reconstruir el hogar para tener un lugar digno, donde vivir.
Pasó los dias, el fraile tuvo que marchar de nuevo al monasterio, no sin antes prometerle, que volvería de nuevo.
El fraile cumplía su palabra visitándolo, comía con él y no  le hacia sentirse repulsivo por no tener piel.
Como en el monasterio la variedad culinaria dejaba bastante que desear, el pobre fraile  siempre le traía lo mismo….patatas; en eso eran pródigos.
El carbonero lo agradecía como el más sabroso de todos los manjares.
Lo cierto es que en la carbonería  destartalada en la que vivía, no había carbón pero sí una gran cosecha de patatas.
Como el tiempo transcurría muy lentamente para una persona que no hacia nada, echó a volar la imaginación, y para olvidar todas sus desgracias se dedicó a esculpir figuritas con las patatas allí almacenadas, era divertido ver el puchero con figuritas de patatas flotando en el caldo.
Por aquí un caballo, por allá un cordero, una gran fauna de animalitos domésticos y del bosque flotaba en la olla dando un aspecto sorprendente al pobre alimento.
Las mondas de las patatas se acumulaban junto al asiento del carbonero; al recogerlas para tirarlas se quedó mirándolas pensativo; eran mondas muy claras parecía piel humana, cogió una tira y la puso sobre su mano descarnada y ¡OH milagro! La piel de la patata se pegó a sus manos, como si de una segunda piel se tratara. Hizo otro tanto con su cara, y la piel de patata, se fue adhiriendo a su rostro mágicamente. Así siguió hasta cubrir todas las zonas quemadas de su cuerpo.Un prodigio había sucedido; ya no estaba desfigurado su rostro se podía mirar, no era un monstruo.
Cierto que su piel no tenía la misma textura de antes, que parecía acartonada, que tenia que beber mas agua de lo normal para mantenerla tersa, pero era feliz.
Ya podía pasearse por el pueblo, ya nadie le miraría mal, los niños no se asustarían al verlo; ni correrían hacia sus madres llorando espantados, no le llamarían nunca más monstruo.
Durante los meses del verano su piel empezó a volverse de un tono verdoso claro, que conforme iba pasando los días, fue cobrando intensidad, hasta que tomó el color de un verde manzana. Su angustia y desperación fue en aumento, no se atrevió a salir en semanas. Hasta que una mañana, al levantarse, comprobó que su piel de patata había vuelto a la normalidad.
Tras días pensando, ¿que fue lo que le ocurrió? la respuesta se la dio las mismas patatas que tenía plantadas en el corral.
Ya estaban maduras para ser sacadas de la tierra.
Su piel era de patata y durante la época de crecimiento y madurez de la patata, su piel sufría la misma metamorfosis que la planta. Estaba unido a ella para siempre.
Claro que pensando, pensando, también se le ocurrió que… ¿por qué tanta insistencia, por parte de aquel frailecillo en traerle  tantas patatas?
Esto no le importó, su agradecimiento era infinito. Y aunque todos los años su piel cambiaría de color durante unos meses, el
resultado final merecía la pena. 
 Volvió de nuevo a su antiguo oficio de carbonero; todavía había gente que lo miraba mal, pero seguía siendo el mejor en su oficio. Cuando pasaba pregonando su carbón, los niños le llamaban…. ¡piel de patataaa¡- pero a él no le importaba
  Sonreía y seguía su camino.
“Algo intrigaba a la gente del lugar”- ¿Por qué durante cierta época del año el carbonero no se dejaba ver?....-
                                                      Consuelo.T.Ojeda.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El bosque asolado

La lluvia golpeó la casa como si de un tambor se tratara, vientos furiosos rugían como leones buscando una presa, noche invernal, noche infernal, donde todas las fuerzas destructivas se confabularon para no dejar nada a salvo.
Ríos y arroyos desbordaron sus aguas; enloquecidas arrastraron todo a su paso, el bosque arrasado quedó prisionero de su  propia desolación.
La pequeña casa resistió los embates del viento y la lluvia como una fortaleza medieval. Sus cimientos sólidos como rocas de granito, se aferraron a la tierra como si de la misma madre naturaleza se tratara.
Los habitantes del bosque huyeron despavoridos buscando refugios seguros; el desastre se había consumado dejando la floresta arrasada y la vida animal al borde de la extinción.
La calma llegó al bosque, la pesadilla dio la bienvenida a la hermosa luz del día; truenos y rayos enmudecieron, cúmulos, cirros y nimbos, saludaron al azul añil que vestía los cielos.
Pájaros e insectos retornaron al bosque; asustados conejillos asomaban sus orejas detrás de los arbustos despojados de hojas.
En medio de la desolación renacía de nuevo    la vida.
Las aguas de los ríos y arroyos volvieron a su cauce, de nuevo el orden reinaba en el bosque.
Los habitantes de la casa confiados en la fortaleza de su vivienda, contemplaron con asombro como el bosque sufría  la furia del viento y la lluvia, árboles arrancados de raíz fueron arrastrados como cantos rodados.
La naturaleza enfurecida no había dejado nada a salvo en el bosque.
Con la nueva luz del día volvió la esperanza ante tanto desastre;  la naturaleza arreglaría de nuevo su propia destrucción.
Un viejo matrimonio vivía en la pequeña “fortaleza”.
Amaban el bosque y lo veneraban, cazaban para vivir respetando una ley invisible que  la propia naturaleza se había encargado de tejer.
El bosque generoso con ellos, nunca les escatimó los alimentos.
Ahora el bosque sufría las consecuencias de una terrible tempestad y en silencio, pedía ayuda a todos los que vivían de el.
Agradecidos al bosque; todas las criaturas vivientes se pusieron manos a la obra.
El bosque fue reanimado, vivificado, resucitó de su propia ruina.
Árboles y plantas reverdecieron y la vida animal fue acogida de nuevo a al amparo del Creador.
               

martes, 9 de noviembre de 2010

Carta de una bota vieja




¡Soy vieja, muy, muy vieja! Tan vieja que me arrojaron a la basura sin más contemplaciones.
Nada de agradecimientos por una vida sacrificada siempre al servicio de mí amo.
Me quiero presentar; soy una humilde, resistente y cómoda en otros tiempos, bota.
Sí, una bota huérfana; pues debo decirte que mi gemela desapareció justo el mismo día en que fuimos arrojadas a un vertedero.
Nos lanzaron al aire. Por un momento nos convertimos en unas botas voladoras antes de caer al suelo de una manera violenta. Ahora la busco sin éxito.
Mi historia es ésta:
Debo decirte que durante mis años de servicio, viajé por lugares remotos y exóticos.
Mi amo me llevó por escarpadas montañas, por helados paisajes y por calurosos desiertos.
La lluvia nunca me asustó, ¡yo estoy hecha de un cuero excelente!; salí de las manos de un gran artesano; en mis suelas está grabado el sello de calidad…
¡La vida es cruel cuando te retiran! ¡Sobre todo cuando te sustituyen por otras botas de inferior calidad!
No es por criticar; pero esas botas no me llegan a mí, ni a mis  suelas  de gomas.
Mi sueño- si es que una bota vieja y sucia tiene sueños- es encontrar a mi gemela.
¡La echo tanto de menos!
Busqué a mi hermana, por todo el vertedero…
Ni rastro ¿donde encontrar una bota vieja e inservible?
Caminé durante días, pregunté a todo animalejo que encontré a mi paso, nadie conocía a mi hermana.
Cuando había perdido toda esperanza, un escarabajo pelotero me dio una pista.
Junto a un arroyo había una colonia de hormigas, éstas vivían en un zapato que hundido en el fango, les servía como entrada al hormiguero.
¡Jamás un camino se me hizo tan largo! Mis deseos de llegar, eran más rápidos que mis zancadas.
Crucé caminos y carreteras. Tuve la desdicha de encontrarme a varios gamberrillos,que en cuanto se toparon conmigo, me utilizaron como una pelota de fútbol. ¡Tantas patadas recibí, que perdí los viejos cordones que todavía conservaba!
Cuando acabó el partido me lanzaron por encima de una tapia. Terminé cayendo en un solar, acompañada de otras botas viejas, que me recibieron con muy mala cara.
Salí de allí lo antes posible. ¡Nada de solidaridad entre los calzados! Seguí mi viaje.
Después de mi largo y errante camino llegué a la ribera de un río.
Descubrí una larga hilera de hormigas que afanosamente trabajaban.
Pregunté a una de las hormigas que, con prisas y sin pararse, me afirmó, que una bota trabajaba con ellas.
Decidí seguirla, la alegría y el alborozo no cabían en mí.
Mi querida y añorada hermana estaba allí.
Cubierta de barro y más vieja; hundida en la ribera del río parecía feliz.
Cuando me avistó una sonrisa asomó a sus suelas.
¡Una vieja bota convertida en un confortable hormiguero!
En invierno quedaba sumergida por las aguas del río. En verano era un hogar para las hormigas, fresco y agradable.
Y aquí me quedé, sirviendo de cobijo a otros bichos que en verano buscaban una sombra donde poder descansar en las horas del estío.
                                                                                                    Consuelo.T.Ojeda.


        












                                               

lunes, 8 de noviembre de 2010

En el arca de Noé

En el arca de Noé,
todos se han vuelto tarumba,
el pobre anciano Noé,
solo sabe bailar rumbas.
El arca no es una barca,
 no es cuadrada, ni rectangular.
¡El pobre Noé la hizo redonda y allí no cabe ná!
Cada oveja con su pareja,
 más allí no puede ser,
están hecho un ovillo.
¡Y no se pueden mover!
¡El elefante la pifió y con una cocodrilo se emparejó!
Un pulgón muy vacilón, con una mona se casó.
Que no pude ser Noé.
¡Que el mundo está al revés!
Un hipopótamo a un calamar le hizo un guiño,
el calamar muy molesto,
de tinta le embadurnó el hocico.
Que no puede ser Noé!
Que el mundo está al revés.
Un león muy huraño quiso darse un baño,
y con todo lo que llovía fuera,
¡No había agua ni para llenar una tetera!
Noé, Noé, que no puede ser.
¡Que el mundo está al revés !  
                                                    Consuelo.T.Ojeda

La margarita que vivía en un árbol

Había una vez una margarita, que cansada de vivir en el suelo, decidió trasladarse, e irse a vivir a la copa de un frondoso y hermoso árbol.
-¡Estoy cansada de que todo el mundo pase por mi lado y me pise, dejen caer mis hojas y estropeen mis flores!
Como lo pensó, recogió sus raíces y eligió, al más alto de los árboles del bosque que era también el más verde y el más hermoso.
Trepó hasta arriba (y aunque las margaritas, no trepan ni tienen patas, ella lo hizo de una manera admirable, ayudada por lo vientos que en ese momento soplaba por el bosque, y como una cometa cualquiera, voló hasta llegar al árbol.Con agilidad y destreza ,se abrazó a la corteza del gigante verde, que muy contento de tener a tan hermosa huésped la aupó hacia su copa, ayudada por unos simpáticos pájaros que tenían allí sus nidos.
En un ¡plis- plas! la margarita ya estaba acomodada en su nuevo domicilio.
Desde las alturas pudo contemplar el impresionante paisaje, un bosque hermoso , las montañas azules, y un cantarín riachuelo, que jamás pudo ver hasta hoy.
Asombrada por la vista tan hermosa que se le ofrecía, decidió que nunca se iría de un sitio así.
 Pasaron las semanas, y la margarita desde su privilegiada vivienda no cabía de gozo-¡Nadie como yo, vive en un lugar con una vista tan hermosa!
Por allá las montañas, por el otro lado el riachuelo…- ¡Ah que afortunada soy!
Se pasaba el día mirando el cielo-¡Como vuelan esos pájaros! Decía. -¡Holaaa, holaaa! - gritaba una y otra vez saludando a los gorriones que pasaban por su lado. Claro que estos estaban tan ocupados buscando comidas para sus crías, que ni se paraban a saludarla.
Un día se desencadenó una violenta tormenta.
El viento rugía, la lluvia azotaba con fuerza, truenos y relámpagos se dieron un festín. Las ramas del gran árbol se movía con una fuerza terrible; los rayos caían tan cerca que la pobre margarita temblaba de miedo.
 Sus hojas más hermosas fueron arrancadas por una fuerte ráfaga de viento.
Como un barco a la deriva, se agarraba a la corteza del árbol con sus raíces y ramas:y aún así ,su integridad física corría peligro.
¡Jamás en su corta vida había echado tanto de menos a su suelo querido!;aquella tierra generosa que la alimentó y la protegió de los fuertes vientos.
           
  Amaneció, con un sol perezoso, que apenas daba calor. La margarita todavía con el susto  en sus ramas, no lo pensó dos veces;se marcharía y ¡cuanto más rápido mejor!    
Medio enferma, con muchas hojas  rotas y marchitas por el vendaval, pidió ayuda a los pajarillos vecinos de ramas.
Y como subió, la ayudaron a bajar.
 Durante muchos días la margarita tuvo que soportar,las burlas y chistes que sus vecinas hicieron por su mudanza a la copa del gran árbol.
  Cuando la vieron regresar hecha un matojo tronchado, fingieron dormir,entre murmullos de  satisfacción.
-¡Tan alta subió, que más pronto bajó !cantaron a coro.
La margarita se tragó el orgullo.
Contenta y feliz se aferró al suelo, ya estaba de nuevo en su querida tierra.
                                                                                                                    Consuelo .T.Ojeda

domingo, 7 de noviembre de 2010

El gallo kiriko


    Esta es la verdadera historia del gallo Kiriko que iba a la boda del tío Perico, y en el camino encontró una boñiga de burro que tenía muchos granos de cebada, tenía mucha hambre, y era muy goloso. "¿Que hago, si la pico me mancharé el pico y no podré ir a la boda del tío Perico? ¿Que hago, pico o no pico?, ¿pico o no pico?, ¿pico o no pico?", y al final picó, y claro, su pico se manchó.
    Andando andando se encontró a una hierba, y le pidió: —Hierba, hierbita, límpiame el pico que me lo he manchado y no puedo ir a la boda del tío Perico.
    Y le contestó la hierba: —¡No quiero!
    Andando andando se encontró a una cabra y le pidió: —Cabra, comete la hierba, que no quiere limpiarme el pico que me lo he manchado y no puedo ir a la boda del tío Perico.
    Y le contestó la cabra: —¡No quiero!
    Andando andando se encontró a un lobo y le pidió: —Lobo, mata a la cabra, que no quiere comerse la hierba, que no quiere limpiarme el pico que me lo he manchado y no puedo ir a la boda del tío Perico.
    Y el lobo le dijo: —¡No quiero!
    Andando andando se encontró a un perro y le pidió: —Perro, muerde al lobo que no quiere matar a la cabra,
 que no quiere comerse la     hierba, que no quiere limpiarme el pico, que me lo he manchado y no puedo ir a la boda del tío Perico.
    no quiere limpiarme el pico, que me lo he manchado y no puedo ir a la boda del tío Perico.
    Y el herrero le dijo: —¡No quiero!
    Andando andando se encontró a la muerte y le pidió: —Muerte, llévate al herrero, que no quiere romper el cuchillo, que no quiere pinchar al burro, que no quiere beberse el agua, que no quiere apagar el fuego, que no quiere quemar el palo, que no quiere pegarle al perro, que no quiere morder al lobo, que no quiere matar a la cabra, que no quiere comerse a la hierba, que no quiere limpiarme el pico, que me lo he manchado y no puedo ir a la boda del tío Perico.

    Y la muerte le dijo: —Muy bien.
    Entonces la muerte se fue a llevar al herrero, que se salió corriendo a romper el cuchillo, que brincó a pinchar al burro, que trotó a beberse al agua, que fluyó a apagar al fuego, que voló a quemar al palo, que rodó a pegarle al perro, que corrió morder al lobo, que saltó a matar a la cabra, que brincó a comerse la hierba, que deprisa deprisa le limpió el pico al gallo Kiriko, para que fuese a la boda del tío Perico.
    Pero como se había entretenido tanto, llegó tarde cuando ya no quedaba carne y cuando vieron un gallo tan hermoso... Corriendo lo mataron y a la olla lo echaron.

Y todos comieron y a mi no me dieron.

domingo, 31 de octubre de 2010

El Señor Don Gato

Estaba el señor Don Gato
sentadito en su tejado
marramiau, miau, miau,
sentadito en su tejado.

Ha recibido una carta
por si quiere ser casado,
marramiau, miau, miau, miau,
por si quiere ser casado.

Con una gatita blanca
sobrina de un gato pardo,
marramiau, miau, miau, miau,
sobrina de un gato pardo.

El gato por ir a verla
se ha caído del tejado,
marramiau, miau, miau, miau,
se ha caído del tejado.

Se ha roto seis costillas
el espinazo y el rabo,
marramiau, miau, miau, miau,
el espinazo y el rabo.

Ya lo llevan a enterrar
por la calle del pescado,
marramiau, miau, miau, miau,
por la calle del pescado.

Al olor de las sardinas
el gato ha resucitado,
marramiau, miau, miau, miau,
el gato ha resucitado.

Canciones populares infantiles

Al pasar la barca



Al pasar la barca,
me dijo el barquero:
las niñas bonitas
no pagan dinero.

Al volver la barca
me volvió a decir:
las niñas bonitas
no pagan aquí.

Yo no soy bonita
ni lo quiero ser.
Las niñas bonitas
se echan a perder.

Como soy tan fea
yo lo pagaré.
Arriba la barca
de Santa Isabel