Le gustaba invitar a sus amigas y presumir de lo limpio y aseado que estaba su hogar.Les preparaba ricos y suculentos platos de moscas y mosquitos, que preparaba según una receta francesa heredada de su abuela.
De vez en cuando para que sus amigas no olvidaran que su abuela era francesa, dejaba caer una exclamación en dicho idioma ¡Oh mon dieu! -Lo que provocaba la admiración de sus amigas-
A los sabrosos platos les acompañaba unos sorbitos de agua de charca, de una cosecha excelente; por supuesto ¡francesa! Le gustaba contar que su abuela le enviaba todos los años una buena provisión de agua, de esa charca maravillosa en la cual vivía, allá en Francia.
Después del jugoso almuerzo descansaban tomando el sol, en cómodas tumbona que como buena anfitriona les tenía preparadas.
Cuatro eran sus amigas, Flora, Matilda, Rosana y Felisa. Todas soñaban lo mismo, conocer al sapo de
su vida; un guapo y hermoso sapo para formar un hogar y tener unos hermosos renacuajos.
Claro que en la charca la población era muy desigual, demasiadas ranas y muy pocos sapos.
En los últimos años el censo había inclinado la balanza a favor de las hembras, demasiados nacimientos de ranas; el nacimiento de sapos fue escaso, alarmante .Todos los adultos estaban preocupados por el futuro de sus hijas y de la propia charca. Si no se reproducían, desaparecerían en unos años.....
Nuestra amiga y sus amigas, suspiraban y suspiraban, esperando el amor de sus vidas.
Todo nuevo visitante que llegaba a la charca era recibido con gran expectación; comentarios de todo tipo se sucedían y el pique entre las amigas, cada vez era mayor.
Un día llegó a la charca un guapo sapo, simpático y dicharachero que lo revolucionó todo, ranas jóvenes y viejas….… (Viudas algunas ellas) enloquecieron.
Y enamoradas todas del apuesto galán, vistieron sus mejores galas para conquistarlo.
Nuestra amiga (que no hemos dicho su nombre) decidió ir al contraataque; por la rivalidad que había en la charca, decidió no contar a nadie su táctica de seducción para cautivar a tan guapo anfibio.
Los días pasaban y nuestra enamorada amiga no cazaba ni una mosca. Una tras otra sus amigas se fueron paseando con el bello sapo. La pobre fue ignorada por sus amigas y por el propio seductor, que no se molestó ni siquiera en mirarla….
Muy dolida por que sus amigas ya no le hacia caso, decidió llorar su amargura a solas; se marcharía de aquella charca de ranas ingratas. Iría a visitar a su querida abuela francesa (a la que no había visto nunca).Preparó su equipaje mientras que sus lágrimas caían como una catarata desbocada; y diciendo adiós a su querida hoja de loto, se marchó rumbo a tierras más gratas.Chifladas sus amigas por el hechizador de ranas y alborotada la charca con tanta fiesta y jolgorio, nadie echó de menos a la más “chic” de todas las ranas del lugar.
Aquella rana desapareció de la charca sin chistar.
Pasó el tiempo todo cambió en la charca; el miedo que los mayores tenían por que desapareciera las ranas de la charca pasó a mejor vida. La charca era el lugar del bosque mas animado y bullicioso todo era alegría y risas.
Cientos de renacuajos se zambullían una y otra vez en el agua salpicando a los mayores que tomaban el sol tranquilamente, a la caza del algún insecto que por allí pasara distraído.
Reinaba la alegría en aquella charca y el más satisfecho de todos sus habitantes, era aquel sapo guapo y seductor que enamoró a todas las ranas del lugar; jóvenes y viejas…. menos a una que ignoró no se sabe por qué.
Como los sapos pueden tener mas de una pareja y debido a la escasez de sapos en el lugar; éste privilegiado tuvo la suerte de casarse no, con una hermosa rana, sino con las cuatro amigas de nuestra rana afrancesada.
Éste vividor se encontraba en el séptimo cielo, con todas sus esposas halagándolos con los más exquisitos insectos. Se puso gordo como una ballena .Se llevaba todo el día tendido al sol, en una tumbona que debido a su peso se hundía y se hundía cada día más…..
Las ranas no croaban de “contento”. Cada día que pasaba se encontraban mas cansadas y más feas; ya no tenían tiempo para ellas. Ahora su tiempo se iba en alimentar a sus renacuajos y dar de comer al parásito de marido que les había tocado en suerte.
Este sapo no tocaba la lira como Nerón; pero se llevaba todo el día tendido cual emperador romano. Con sus cantos estridentes, el bosque y sus habitantes temían que algún día acabara por incendiar con su fétido aliento a toda la flora de aquel hermoso lugar.
Cuando todos pensaban que la rutina se había apoderado de la charca, un acontecimiento sorprendente vino animar a tanto aburrimiento.
Una hermosa rana se hospedó en una hoja de loto; venia acompañada por un apuesto sapo, educado y gentil y por unas hermosas ranitas que farfullaban un idioma ininteligible para la gente de la charca.
Durante días fue la comidilla del lugar. Todos se preguntaban con gran curiosidad ¿quien era esa rana tan elegante?
Los días se sucedieron con gran expectación por parte de los habitantes de la charca; incluso peces y demás fauna que compartía aquél ecosistema estaban al tanto de la visita de la insólita familia.
Con gran sorpresa Flora, Matilda, Rosana y Felisa recibieron una invitación de su desconocida vecina.
¡El jolgorio fue impresionante!
No se hablaba de otra cosa y la preocupación más importante era qué modelo elegir, para asistir a tan elegante merienda.
Encopetadas como marquesas se presentaron en el domicilio de la desconocida vecina.
Fueron recibidas con la mayor de las ceremonias.
La anfitriona con su sombrero más lujoso, las hizo pasar a la terraza desde donde se podía contemplar, una vista espléndida de la charca.
La merienda fue deliciosa, ricas pastas inglesas adornadas con suculentos mosquitos - “traídos expresamente desde la costa francesa”- todo un lujo que jamás volverían a degustar- comentaron- El té de ricas algas de río fue por último, la sensación. -Durante años hablarían de semejante merienda, sería recordado incluso por sus nietos-
Madame Croac, así se presentó con un acento francés que a las invitadas les pareció finiiisimo -pero que era más falso que un real de lata-
Durante toda la merienda presumió de su vida en París, de su vivienda en las fuentes del Bois de Boulogne y de sus paseos por el río Sena. Las pobres ranas admiradas por lo que estaban oyendo,se maldecían por su mala suerte -Nunca habían salido de esa inmunda charca y jamás lo harían-
Con el ánimo alicaído acabó la inolvidable merienda; todas se despidieron de madame Croac con el deseo de verse muy pronto.
Al llegar a casa se encontraron con el esposo, tendido en la poltrona como siempre. La barriga, inflada como un globo de feria y roncando tan fuerte, que todos los habitantes de la charca llevaban tapones en los oídos para no escuchar aquel ruido atronador.
Todos estaban desesperados con un tipo que no había hecho en su vida nada más que dormir y roncar.Cuando nuestras amigas conocieron a monsieur Croac, la comparación fue descorazonadora -¡Tan atento, tan educado, tan, tan, guapo-
¿En que charca les había tocado vivir? Todo era aburrido y monótono; en una charca como esa no había oportunidades.
Pensaron que ya era hora de cambiar sus vidas y de mutuo acuerdo dejarían la charca y se irían a conocer lugares nuevos.
Con hijos que habían dejado de ser renacuajos para convertirse en ranas adultas tenían un trabajo menos, ya no necesitaban a sus madres.
-Se acabó cazar moscas para aquel zángano “revientatumbonas”-.
Cuando las cuatro se presentaron ante aquel "chiquilicuatre", vestidas como farolas en una feria; el sapo fondón, se dio la vuelta en la "perezosa" ignorándolas ¡No echaría de menos a las "comemoscas" estas!
.Más felices que unas castañuelas se dispusieron a partir.
Como eran unas ranas muy cumplidas y discretas, no querían ser la comidilla de la charca; se despidieron de todos sus hijos, de los padres y de todos los que pasaban por allí. Y para dar mayor "discreción" a su marcha se despidieron de la mayor cotilla de la charca y de todos sus alrededores.
Incluido el avispero que era “radio macuto”.
Por ultimo fueron a casa de su mentora, aquella que les había abierto los ojos (“Ahí afuera hay otros mundos”).......
Con la mayor de las algarabías se marcharón .
La afrancesada con la sonrisa de una arpía vengadora y entre dientes (es un decir, “las ranas no tienen dientes”) las fue besando, dejando un beso “envenenado” en los carrillos de cada una de las ignorantes ranas.
Falsa como una moneda y condecorada como la mayor de las hipócritas del reino anfibio, fue alabando uno por uno los modelitos de sus “amigas”.
Estas tontas se marchaban de la charca y ella haría de la charca su pequeño reino.
Solo quedaba el que un día no se dignó siquiera en mirarle a la cara.
(La despedida duró más que un bistec con nervios, en la boca de una cabra.).Tuvo que salir al balcón y con un largíiiisimo pañuelo de “Cristian Cruac cruac” -les dijo- adieu adieu, mientras estas se alejaban en un vapor de loto.
A partir del día siguiente, la afrancesada reinaba en la charca como una faraona.
En su casa puso la “corte” y se dedicó a dar consejos y parabienes a todo el mundo.
Un día llegó a su casa el marido abandonado de sus amigas; había enflaquecido como una caña de azúcar.
Estaba amarillo como la envidia, ya no lucia el verde lustroso de antaño.
Los ojos se le pusieron como platos al contemplar la mesa que tenia dispuesta la francesa para unos invitados. El muy gorrón se valió de su zalamería para quedarse en la merienda y tomando asiento en una cómoda hamaca de ahí nadie más lo movió.
En “tío Charlie” se convirtió. La afrancesada vengadora cargó con el muermo y el pirulí francés acabó marchándose del lugar harto de tantas atenciones por parte de la rana a “tío caradura Charlie”.
Pasado el tiempo, volvió a engordar y pasó de ballena a “tiranosaururano”.
La afrancesada no reinaba en la charca, fue destronada por “Charlie I el gorrón”.
(Jamás una venganza falló tanto) Consuelo.T.Ojeda.












