Al pasar la barca

Al pasar la barca

viernes, 3 de diciembre de 2010

La huerta frondosa

    

En una alegre y fértil huerta crecían alegres y lozanas verduras y frutas.
Lechugas, coles, repollos, acelgas de grandes hojas, zanahorias de rizadas cabezas, berenjenas de morados hábitos, saludables tomates rojos, pimientos de carnosa piel, guisantes de verdes perlas y humildes hierbas aromáticas que dan a los estofados y asados, sabrosos sabores.
Una enorme y saludable calabaza era la reina de la huerta. Era la heredera de una familia de grandes calabazas ganadoras de importantes concursos hortícolas. Sus semillas estaban tan cotizadas que hortelanos de otras partes de la región  pagaban lo que fuera para conseguir una de sus semillas.
Tan orgulloso estaba el hortelano que todos los días iba a verla; removía la tierra, quitaba las malas hierbas y la abonaba.

Preparada como las mises para un concurso de belleza, era pesada y regada abundantemente.
Día a día la calabaza aumentaba de volumen se volvía más pesada. Tenía tantos kilos encima que la gente del lugar se acercaba para ver tal prodigio.
Tan enorme llegó a ser, que la carroza de la cenicienta era un carricoche a su lado.
Sus compañeras de la huerta dejaron de admirarla y terminaron por sentir tanta envidia que algunas se secaron del berrinche.
 Las hortalizas quejosas de que el hortelano no les prestara la misma atención que tenia con la calabaza, acordaron en asamblea que dejarían de crecer y estar lista para la recolección.
La más chillona del grupo era  una lechuga romana que voz en grito repetía una y otra vez –Yo no ganaré premios como esa insípida cabeza hueca, pero soy sabrooosa como el más rico de los manjares; ¡En las ensaladas no me gana nadie!
  Unos saludables y ricos tomates columpiándose en sus ramas contestaron ruborizados a la lechuga -¡Tú en una ensalada sin nosotros no eres nada!
  Los pimientos no pudieron quedarse callados y como pequeñas trompetas verdes silbaron y silbaron para ser oídos en aquel guirigay en que se había convertido la asamblea de verduras y hortalizas.
-¡Tanto presumir de lo importante que sois en las ensaladas! ¡Nosotros si que somos importantes!-contestó un gran pimiento verde-asados somos un manjar, en muchos guisos estamos presentes en ensaladas de reyes somos imprescindibles y tenemos colores diferentes ¿Quién da más?
Si los pimientos pensaron que acallarían a la asamblea verde se equivocaron.
Más enfadados aún por la arrogancia de los“guindillas” -como alguien los denominó- levantó una hoja un repollo para pedir la palabra.Muy educado se dirigió a los asistentes para decirles-Que sí, que era muy importante la defensa que la lechuga,  los tomates y los pimientos habían hecho de sus cualidades alimenticias pero que los repollos habían quitado ¡mucha hambre a la humanidad!
Esta aseveración indignó a la concurrencia; a la lechuga romana le salió su herencia italiana y gritando como una energúmena le dijo de todo menos repollo.
  
-¡No había en toda la huerta una verdura que oliera peor que un repollo cociendo en la lumbre!
El pobre repollo abrumado se ocultó entre sus hojas y nadie le volvió a escuchar.
La lenguaraz lechuga tenía revolucionada la huerta; el que se atrevía hablar se llevaba el repaso de la hortaliza italiana.
Pidió la palabra otra insigne verdura, una zanahoria esbelta y de buena figura. Fue la portavoz de su familia y dirigiéndose a todos con voz aflautada recordó a los asistentes que ellas eran sofisticadas y muy apreciadas ¿Qué sería de una ensaladilla rusa sin su presencia?
¿Qué sería un conejo sin su zanahoria?
Y aún más ¿Qué seria de la vista de los humanos si ellas no existieran?
-¡Pues todos a la Once!-gritó un bromista-
¡Señores nuestras cualidades son muchas a nosotras no nos gana nadie!
Y terminando su discurso muy orgullosa se volvió a sus dominios.
La lechuga romana como una revolucionaria francesa gritaba ¡A la guillotina, a la guillotina! (que era como decir a la cocina a ser cortada en rodajas)
Esta asamblea se formó para hablar de lo discriminadas que estaban todas las hortalizas en comparación con los privilegios de los que gozaban la plantación de calabazas.
Pero olvidaron que les había llevado a la reunión.
En cambio se llevaron todo el tiempo ensalzando sus propias cualidades nutritivas.
El bullicio y la escandalera era propia de una “verdulería” (nunca mejor dicho).
Si la lechuga era la voz discordante de la reunión la moderadora, de aquel jaleo fue una gran cebolla morada.
Con gran solemnidad llamó al orden a la revolucionaria “hojaverde”y como un juez de  la corte suprema quiso mediar en la trifulca allí formada.
 -¡No te acerques a mí que lloro solo con mirarte!-le dijo la lechuga a la cebolla con mucha guasa-
-Silenciooo -dijo la cebolla, ignorándola.
De nada le sirvió. La lechuga erre que erre, no paraba de meterse con toda verdura y bicho viviente que por allí pasara. Ahora la emprendió con la severa remolacha- A ver ¿y tú para que sirves? – ¡a ti te quitan de todas las dietas, tienes tanta azúcar que tú misma te empachas!
¡No se podía con aquella lechuguina escandalosa!
Llegó un momento en que todos hablaban a la vez, aquello era un coro de grillos; nadie se ponía de acuerdo.
Silenciooooo-se oyó gritar entre el escándalo- -Ahora voy hablar yo.
Entre la hierba y bajo una capa de tierra salió una patata que agotada por el esfuerzo respiraba lastimosamente.

La lechuga en el momento en que la vio, la miró desdeñosamente y con sarcasmo dijo-¡vaya un boniato!
La patata la miró furiosa y con una voz que no le salía de las raíces le dijo-¡soy una patata, no un boniato conjunto de hojas con troncho!
-¡Ay, que me da! ¿Qué a dicho el miserable tubérculo ese, yo un troncho?¡ Yo soy descendiente de las lechugas que en ensaladas se sirvieron a los cesares!
Sí, sí, dijo la patata dispuesta a no quedarse callada-Mucho linaje….y muy poca vergüenza.
A ver, ¿donde estaban ustedes en tiempo de los césares ¿eh?-preguntó furiosa la lechuga-
-Nosotras las patatas no vamos a discutir con hortalizas bocazas; somos tubérculos serios de la estirpe de Moctezuma. Vegetales, hierbas,  verduras…. ¡nosotras si que hemos sido el ombligo del  mundo alimentario! Porque ¿Que seria de las amas de casa sin las patatas? -Que los niños no quieren garbanzos- Pues ¡patatas fritas!.Que el abuelo no puede masticar ¡estofado de patatas! y ¿Dónde me dejan ustedes a la españolisima tortilla de patatas ¿eh? Sin patatas se llamaría ¡francesa! ¡Puaj!
Prosiguió con su discurso buscando la solidaridad de las demás verduras.
La única que no estaba por la labor era la rebelde lechuga- ¡Deja de darnos la matraca!
¡Abajo los boniatos! –Chillaba toda deshojada la feroz lechuga- ¡Lechuuugas al poder,ensaladas no sin mí!
La asamblea se caldeaba por momentos tanto, que por un segundo parecía que todas las verduras se iban a cocer del sofocón que aquella lechuga les estaba dando.
Alguien quiso acabar con la sublevación encabezada por la rebelde lechuga y alzó su voz desde su privilegiado terreno.
Y con una voz gritona chilló tanto que toda la huerta quedó en silencio; hasta los mismos gorriones que cantaban ajenos al revuelo que se había formado detuvieron su canto.
La calabaza con aires de suprema majestad-habló muy furiosa- ¿Todo este jaleo lo tenéis formado por mí? ¡Mancha de envidiosos verdes!
Sabed-dijo con vanidad –Que si soy la preferida de la huerta, es porque yo le daré muchas satisfacciones a nuestro amo. El ha ganado muchos premios con mi familia y yooooo -dijo gritando-¡voy a ganar el mayor  premio conseguido hasta a-h-o-r-a!-  puntualizó-
A ver tú revolucionaria de pacotilla-dirigiéndose a la lechuga- ¿Qué tienes contra mí? ¿Acaso tú has ganado algo alguna vez, ovillo de hojas verdes?¡Lechuga del montón, futura ensalada de burger!
Toda la huerta quedó muda, la lechuga tan combativa se quedó blanca.
No podía enfrentarse con un peso pesado y la calabaza; ¡tenía cara de matona!
 Con un hilillo de voz-dijo-Yo desciendo de los cesa….
¡Valeee!- gritó la calabaza- los césares si, siii.  ‘De los arrabales de Roma! No oyendo a nadie más se recubrió con sus hojas y se echó a dormir ignorando a toda la huerta.
Pero antes levantando una hoja dijo- ¡Ah! y ya estamos callados.
La lechuga muy rabiosa no encontró el apoyo de sus parientes y de la misma soberbia se secó.
Al día siguiente el hortelano al regar las lechugas no comprendió que le pudo pasar a la más hermosa de todas sus hortalizas.
Arrancándola de la tierra, se la arrojó a las gallinas que presurosas fueron a dar cuenta de ella ávidamente.
Concurso tras concurso la calabaza salió victoriosa.
¡Siendo admirada por toda la huerta!
                                          Consuelo.T.Ojeda.