¡“Me asusta el viento”! -Una y otra vez repetía la frase en un monólogo sin fin-
La madre de Lucas le oía pero sin atender sus quejas.
Lucas asomado a la ventana contemplaba la calle; era un día ventoso, las ramas de los árboles bailaban al son de las ráfagas del aire que las agitaba como si fueran juncos en una charca.
Lucas tenía miedo de todo. Era un niño que “nació asustado”- Es lo que decía su madre-
Cuando había tormentas le daba miedo los truenos, si soplaba el viento pensaba que era un huracán.
Pero lo que más miedo le daba a Lucas era la oscuridad.
Por la noche siempre dormía con la lamparilla encendida.
Su imaginación no tenía límites.
Por todas partes veía monstruos verdes y dragones de siete cabezas.
A sus once años Lucas es el niño más miedoso y fantasioso de su pueblo.
No puede ver un perro ni desde lejos, le pone tan nervioso que se subiría al primer árbol que encontrara en su camino.
Otra de sus pesadillas son las arañas grandes o pequeñas solo ver una y sus gritos no son gritos, son alaridos de terror.
Su madre estaba tan acostumbrada a sus quejas y lamentos que ya no le prestaba atención.
En la escuela era objeto de burlas por parte de sus compañeros de clase.
Aún así a él no le importaba…Él siempre iba a lo suyo.
Un día Lucas jugaba en su habitación, cuando de pronto un ruido le sobresaltó, dio un respingo y mirando de soslayo pegó un grito llamando a su madre.
Su madre resignada le preguntó qué le pasaba.
A lo que Lucas desde su habitación y a gritos le contestó-¡He oído un ruido!
Hijo no pasa nada- Le tranquilizó su madre-
De pronto vio moverse las cortinas; su curiosidad fue mayor que su miedo, se acercó hasta ella y la descorrió bruscamente.
Ante sus ojos vio un ser pequeño de ojos grandes y azules, nariz chata, orejas largas y redondas. Con tres dientes de conejo y con una piel que cambiaba de color como la de un camaleón.
Sus brazos eran cortos y sus manos al igual que sus pies solo tenían tres dedos.
Sonreía pícaramente a un Lucas que se había quedado helado de miedo.
¡Hola soy tu miedo! -Dijo muy serio- Y sería inútil decir que no te asustes.
Lucas intentó reaccionar, salir corriendo y llamar a su madre. -¡Nada de eso pudo hacer! estaba clavado al suelo, no podía moverse de la impresión.
De un brinco aquel ser extraño se le subió al hombro.
Lucas gritó y gritó pero sus chillidos no pasaban a sus cuerdas vocales. Sus gritos eran mudos y sus piernas no le obedecían.
¡Soy tu miedo, soy tu miedo! -Repetía una y otra vez muy cerca de su oreja-
Lucas se dio por vencido y aterrado se dejó caer al suelo.
El ser extraño saltó antes de caer Lucas, y subido a la mesa del escritorio le habló. Todo esto cambiando de color.
-Te acompañaré mientras viva y ya tienes edad para saber que existo. Pero tengo que decirte que eres la criatura humana más miedosa que he visto en mi larga vida. Soy tan antiguo como el mismo mundo.
La naturaleza me ha encomendado este trabajo y debo decirte que no estoy contento; he asustado a humanos mejores que tú.
Mi misión es la de ir siempre contigo, advertirte de los peligros causándote miedo, pero no de evitarlos. Para eso están los “seres celestiales” y tu propio instinto de conservación.
El extraño ser tenia una voz burlona, su mirada era inteligente, misteriosa, antigua.
Lucas siguió oyéndolo casi hipnotizado, por momentos pasaba del miedo al mayor de los asombros.
Y sentado en el suelo porque no se atrevía a moverse, asentía con la cabeza a todo lo que la insólita criatura le estaba contando.
-Los miedos acompañamos a todos los seres humanos desde la cuna. Pero nos no hacemos presentes hasta una edad razonable. Cuando sois capaces de pensar, aceptarnos y de convivir con el miedo. Y tu miedo soy yo.
Lucas no sabía que decir no entendía nada de lo que le estaba pasando.
Pero curiosamente, conforme iba escuchando a aquel personaje sentía más y más curiosidad por él. Su asombro era mayor que su temor.
¡Caramba! No tenia miedo,por primera vez en su vida no temblaba.
Miedo, hablaba y hablaba sin parar. Paseaba por la habitación curioseándolo todo. Su voz chillona asustaba tanto a Lucas como sus alocados cambios de color. No caminaba, brincaba. Sus brincos eran cortos y tan rápidos que ningún canguro podría competir con él ni en rapidez y altura.
-Caminaré contigo por la calle y te advertiré de los peligros.
Pero como yo soy un sentido solo te lo advertiré.
Por fin Lucas se decidió a hablar. Venciendo su timidez y todavía asombrado le preguntó-Dices que has estado siempre conmigo, ¿Por qué entonces no te has hecho visible hasta ahora?
Miedo con cara de fastidio -le contestó farfullando-Joven te he dicho que hasta que no tuvieras una edad adecuada no me haría visible. Los humanos sois criaturas inseguras y a pesar de eso, cuando os acostumbráis a algo extraordinario le perdéis el respeto y os envalentonáis.
¡La vida es un don de Dios y hay que respetarla!
Te voy a decir una cosa , desde que nacéis estáis sujeto a la protección del Todopoderoso, el os cuida enviando a criaturas celestiales (ángeles les llamáis vosotros).Cuando os hacéis mayores ellos siguen estando ahí, pero el instinto de conservación toma el relevo para que esas criaturas celestiales actúen cuando el peligro sea evidente.
Lucas lo miraba y una mueca en forma de sonrisa se asomó a sus labios.
¿De qué te ríes?- le preguntó molesto Miedo.
Pienso-dijo Lucas- que eres muy extraño para ser un sentido yo no te habría imaginado así.
Te equivocas. Así me imaginas tú, ningún miedo es así. ¡Por eso estoy molesto contigo, no solo eres la persona más miedosa de todo el Universo sino que encima no tienes ni pizca de imaginación!
-Me ves como un conejo. Cada miedo toma la forma que vosotros los humanos imagináis.-
Lucas pensativo no dejaba de darle vueltas a la cabeza. -¿Por qué la representación de sus miedos se parecía a un conejo? -¿Por qué no a un dragón de siete cabezas?
O mejor a un gran perro baboso, unas de sus terribles pesadillas.
-Tiene que tener una explicación, le preguntaré a mi madre-
Miedo sabía la respuesta, por eso le indignaba más. Conocedor de todos sus miedos y fobias, Lucas lo tenía desconcertado.- Chico eres una criatura muy compleja te da tanto miedo todo que me tienes asombrado, te asustas hasta de tu propia sombra. Y un miedo como yo, tiene que ser serio y no tener ni pizca de humor; pero tú me haces perder la compostura Ja, ja, ja.
Y revolcándose de la risa por el suelo fue cambiando de color como un semáforo.
Lucas se frotaba los ojos no creyendo nada de lo que estaba viendo ¿Y eso era la representación de todas sus angustias?
Muy enfadado por las burlas de aquel ser insólito salió corriendo de su habitación.
Deseando que desapareciera para siempre.
Nada de eso ocurrió. Bajó deprisa las escaleras dirigiéndose a la cocina en busca de su madre que en esos momentos estaba haciendo unas riquísimas natillas. Se acercó tan despacio a su madre que ésta dio un sobresalto,asustándose.
También Lucas se asustó lo que enfadó mucho a su madre.
-¡Ya me estoy cansando de tus miedos, Lucas! Si sigues así hablaré con tu padre y te llevaremos a un psicólogo para que trate este problema tuyo.
Lucas no daba crédito a lo que estaba oyendo-Mamá los psicólogos son para gente que no está bien de la chaveta y yo estoy bien de la cabeza-
-Lo que pasa es que soy un poco miedoso nada más-
La madre de Lucas lo miraba y para sus adentros se reía de las ocurrencias de su hijo, pensando que no tenía remedio.
Ni el mejor de los psicólogos acabaría con los miedos de su hijo.
Lucas no se dio cuenta pero toda esta escena con su madre fue presenciada por Miedo que entre divertido y asombrado no se perdía nada de lo que estaba ocurriendo.
Subido sobre la nevera no dejaba de cambiar de color. Los estados de ánimo del chiquillo lo tenia tan alterado que ya se le había olvidado su color original.
De todas las maneras siguió observando aquella charla entre madre e hijo, curioso siempre de las reacciones de los humanos.
-¿Sabes que cuando tenias dos años el tío Alfonso te regaló un pequeño conejo?
Unos de esos conejitos blanco como la nieve y con aspecto dócil que enternecía con solo mirarlo.
Pero nada de eso. ¡Tenia tan mal humor! que cuando fuiste a acariciarlo te dio tal mordisco que casi te arranca un dedo.
¡Lloraste tanto que ya no quisiste ver a ningún animal cerca de ti!
Miedo cansado, terminó por acurrucarse sobre unas servilletas que tenia la madre de Lucas sobre la nevera y se dejó llevar por la tranquila conversación de madre e hijo, quedándose dormido como un lirón en su madriguera.
-¡Así que un conejo blanco y pequeño era el principio de mis miedos y terrores!
Aquel conejo por poco me arranca un dedo y fue el culpable de que me dieran miedo los animales, las tormentas y hasta mi sombra….
¿Pero que tenia que ver las tormentas con los conejos?
¡Sin duda alguna soy un niño bastante raro como me dice Miedo!
-Ese conejo tiene la culpa de relacionar todos mis temores con un mordico. Y de ver a Miedo como un conejo gigante,.Quisiera saber como son los miedos de otras personas; que formas tienen y si son tan chistosas y burlonas como Miedo.
Hace varios días que no se deja ver y lo echo de menos.
Mamá me ha dicho esta mañana que me ve distinto, más maduro como si hubiese crecido.
Tal vez tenga razón quizás haya cambiado.
Duermo bien por las noches. Ya no dejo encendida la lamparilla de la mesita de noche. Ni molesto a mamá por la noche cuando oigo algún ruido.
-Sigo sin saber donde se ha metido Miedo. Es todo un misterio….
Siempre culpé de mis miedos a un perro que hay en mi calle. Un perro baboso que me espera todos los días a la salida del colegio; en la esquina de la calle por la que yo paso. Se esconde en unas cajas de madera que su dueño amontona en un rincón. Su amo es el frutero del barrio.
Perro y dueño se parecen. El perro es un bóxer mal encarado que la tiene tomada conmigo.
Me aguarda el muy traicionero solapado detrás de las cajas. Echando a correr detrás de mí con gran alborozo por parte de su dueño .Nunca he odiado tanto a un animal.
Mi madre me dice que solo quiere jugar conmigo. Veo en esos ojillos saltones unas ganas locas de darme un buen mordico en el trasero.
Dicen que los perros huelen el miedo.
Y este perro ha encontrado en mí al “rey de los sobresaltos”.
Miedo lleva semanas sin aparecer, creo que se ha marchado. Ni siquiera se ha despedido. ¡Con tanto siglos como dice que tiene no ha aprendido normas de cortesía!
Un día tuve que hacer un recado para mamá a la mercería de la esquina. La esquina, aquello era “territorio comanche” allí estaba mi enemigo, al acecho….
Decidido salí de mi casa. Con “cuatro ojos” me dirigí hacia la mercería. Nada a la vista. Todo tranquilo, el enemigo no daba señales de vida. Ya veía la mercería, para mí era como una frontera, una tabla de salvación…
De repente allí estaba el muy traidor, sentado delante de la puerta de la tienda…
El perro me miraba desafiante.
Entrar en la mercería suponía pasar por encima del chucho y no parecía muy dispuesto a dejarme pasar.
Crucé la calle me dirigí hacia la tienda.
Tenía la boca seca el temblor se apoderó de mis piernas, apenas podía tirar de ellas. ¡Ese perro no podía ganarme la partida!
Conforme me iba acercando no me quitaba esos ojillos vidriosos de encima.
Cerca de la mercería el perro hizo su mejor jugada, se tendió a lo largo de la puerta no dejándome pasar ¡Tendría que saltar sobre el dichoso perro! -valor, valor me decía una voz interior (mamá no estaba conmigo)
Al intentar entrar en la tienda, dio un salto sobre mí.
En ese momento me vi muerto, despedazado por semejante bestia…
Pero no ocurrió así. El perro se echó sobre mí lamiéndome la cara y llenándome de su asquerosa baba.
Saltaba, ladraba a mí alrededor pidiéndome juego. Yo asombrado no sabía qué hacer.
¡No era una bestia terrorífica y fiera! (como yo imaginaba)
Era un perro cariñoso y juguetón.
Solo quería ser mi amigo. Me acompañó hasta la puerta de mi casa. Y me atreví a hacerle un acaricia en la cabeza. Me lo agradeció dándome un lametazo en la mano con su enorme lengua.
El frutero presenció toda la escena desde la puerta de su establecimiento, nos vio pasar y una enorme sonrisa asomó a su cara mofletuda.
Cuando se lo conté a mi madre no se lo creía ¡que alegría le di!
¡Hoy había sido un gran día para mí!
Un obstáculo más que había salvado. Y tenía un nuevo amigo, el que más miedo me había dado durante años…
Todo esto lo estaba pensando cuando de pronto escuché una voz detrás de mí.
¡Miedo estaba allí!-¿dónde has estado durante estos días?´- Tenía un suave color azul casi transparente. No cambiaba de color intermitentemente como lo hacía antes. Sus movimientos eran suaves y tranquilos.- ¿Estás enfermo?
Miedo sonriendo me contestó-No me he ido a ningún sitio siempre estoy a tu lado, pero no me he dejado ver.
Has progresado mucho durante estos días y la verdad me tienes muy, muy sorprendido.
Lucas muy emocionado le preguntó- ¿Entonces sabes que el perro es amigo mío? ¿Tú tienes algo que ver en todo esto?
Miedo le contestó divertido-¡Noooo, yo solo estoy aquí para advertirte de los peligros no para que hagas amigo!
Hacer amigos es tu misión.
-¿Porqué tienes ese color azul ya no cambias de color como un semáforo?-le preguntó Lucas extrañado.
Yo soy una prolongación de ti, tus estados de ánimo me influyen y los cambios de colores eran fruto de tu propia angustia e intranquilidad.
Pero has cambiado. Ahora estás tranquilo, sosegado. Tus miedos se han apaciguado. Yo soy tu espejo.
Conforme vayas creciendo mi presencia se irá diluyendo, tus miedos irán desapareciendo con la edad.
Los miedos infantiles los superarás.
Con la edad surgirán otros miedos y preocupaciones. Como verás los miedos nunca dejarán a los seres humanos. Nacen con ellos y mueren con ellos.
Siempre acompañaré a los humanos como advertencia, como precaución. ¿Y por qué no? ¡Para fastidiaros con miedos irreales!-
-Miedo, mi miedo era especial y divertido…. Nada tenía que ver con la angustia ni el temor. Es mi amigo.
Consuelo.T.Ojeda.